Implantación de Humanidades.

Comenzaron en el curso 1966-67 ante la necesidad de no empujar por carreras científicas a todos los alumnos que terminaban en el Colegio el tercer año. Algunos por no abandonar el Colegio preferían  seguir con la única oportunidad que les brindaba el Colegio, es decir Ciencias. Después de muchos años de funcionamiento (35), con altibajos en la matrícula, al finalizar el año escolar 2002-2003, se cerraron por falta de alumnos.

            El cierre de las Humanidades no fue una decisión precipitada ni tuvo motivos económicos, como se pensó. Desde hacía varios años veníamos estudiando esa problemática, incluso a nivel de AVEC. En vista de la escasez de alumnos inclinados por las Humanidades, los Directivos del San Vicente y de La Salle se reunieron para buscar una salida. La decisión fue que uno de los dos Colegios siguiera ofertando esa posibilidad y que cerrara el otro. En ese momento cerró La Salle y permaneció abierto el San Vicente, pero la crisis continuó y para el año escolar 2002-2003 también tuvimos que cerrar, como ya mencioné, por falta de alumnado.

Promociones

La primera Promoción de Bachilleres egresó del Colegio en Julio de 1965. Estaba integrada  por 17 Bachilleres en Ciencias. El primer alumno graduado de Bachiller en el Colegio fue Emiro Crespo, quien posteriormente se graduó de Ingeniero Elétrico y tuvo hijos en el Colegio. En julio de 2005 egresó la promoción número 41 con 85 bachilleres en Ciencias..  El último en recibir su título de Bachiller en este Julio de 2005 se llama Ernesto Javier Ziehm Hernández. Hasta el momento han egresado del Colegio 3230 Bachilleres en Ciencias, en 41 Promociones y 1053 Bachilleres en Humanidades, en 35 Promociones.

 En total son 4283 Bachilleres egresados de las aulas del San Vicente de Paúl. Me gustaría poder informar, en esta breve historia, de la trayectoria vital de cada nombre de ese numeroso grupo, que hoy seguramente están contribuyendo con sus variados conocimientos a la construcción de la Venezuela del futuro. Actualmente recabamos datos sobre los egresados en 1980, que el día 16 de Julio pasado celebraron un encuentro con motivo de los 25 años de Bachilleres, presidido por el Padre Paúl Francisco Armellini integrante de dicha promoción,  y actualmente párroco de Cariaco en la diócesis de Cubana.
 


           Mientras trataba de ordenar las ideas para esta pequeña historia del Colegio el padre de unos niños recién admitidos me preguntó: ¿Qué significa la presencia del Colegio en el Barquisimeto del año 2006?

Esta interesante pregunta me lleva dos consideraciones: Primera, el gran número de familias barquisimetanas que en estos sesenta años han sentido como suya esta institución, han formado a sus seres más queridos (los hijos) en los conocimientos impartidos en el Colegio, han afianzado su sensibilidad ante los problemas de la sociedad bajo las enseñanzas de tantos Padres paúles que han dejado gran parte de sus vidas trabajando porque sigan llegando jóvenes bien formados a las aulas universitarias.

En segundo lugar (aunque también importante), las instalaciones del Colegio en boca de un representante de la zona educativa “son un pequeño pulmón en esta zona de Barquisimeto”. Sus zonas verdes, su gran masa de árboles son todavía el refugio de numerosas  aves que alegran los amaneceres poniendo una nota de optimismo en  los adormilados estudiantes que llegan antes de las siete  a las aulas cada día.

Un constructor hacía alusión, hace pocos días, al desperdicio de terreno, desde su punto de vista mercantilista, que tuvieron los diseñadores del Colegio. La verdad que hay espacios “perdidos” por todas partes. Dentro de las instalaciones del Colegio hay cerca de 6.000 metros cuadrados dedicados a vialidad interna (mucho más terreno del que tienen la mayoría de las instituciones educativas de la ciudad), hay 1950 metros cuadrados dedicados a estacionamiento, hay 965 metros  cuadrados de aceras al lado de las avenidas internas. Los patios de primaria y secundaria tienen cada uno 1680 metros cuadrados. Pero sobre todo hay una gran cantidad de árboles que purifican generosamente el aire que seguimos respirando en cada momento.


            Gracias a los Padres Manuel Ruiz, Alberto García Manzanedo y Antonio Estévez Conde y otros que  dedicaron muchas horas de su tiempo libre  los sábados y domingos para que esta gran masa  arbórea sea hoy adulta y nos purifique el aire que respiramos. Las araucarias que están en torno a la residencia tienen, como todas las cosas del Colegio, su pequeña historia:

En lugar de los actuales plantaron primero unos pinos que años después desecharon porque estaban creciendo mucho y amenazaban los cimientos de la Residencia. Para sustituirlos,  en la ciudad de Mérida, les recomendaron los actuales como “enanos” y muy decorativos. La verdad que resultaron unos “enanos” ya hoy de más de quince metros de altura.