U.E.C. San Vicente de Paúl                                                                                                                                       
 

PADRES EDUCADORES

 

Para llegar a ser auténticos padres, hacen falta tres cosas:

  • querer a los Hijos;

  • que los Padres se quieran;

  • enseñar a los Hijos a querer

Querer a los Hijos:

Lo importante no es decir que uno quiere mucho a los hijos, sino que ellos se sientan queridos. Pero no olvidemos nunca que querer no es consentir ni sobreproteger, sino ayudarles a madurar, a salir del nido materno y emprender el vuelo de su libertad

Por ello el amor verdadero abraza pero no retiene. Hay madres superprotectoras, que nunca terminan de cortar el cordón umbilical de los hijos y padres excesivamente consentidores que, en consecuencia, no permiten que los hijos crezcan.

Los padres no deben ser ni permisivos ni autoritarios. La permisividad lleva a que los hijos sean blandengues, sin voluntad y carácter, caprichosos y egoístas, incapaces del menor esfuerzo y sacrificio. El autoritarismo y la violencia ocasionan que los hijos sean violentos y se alejen del hogar, físicamente si son de carácter fuerte, o mediante la evasión y el ensoñamiento si son de carácter débil.

Los padres deben respetar siempre a los hijos y no maltratarlos ni de palabras ni con gestos o acciones. Deben corregir, pero sin herir, con dulzura pero con firmeza, de modo que los hijos sientan que lo están haciendo por su bien.

Para ello, es necesario que aprendan a decir no, y lo mantengan, cuando deben hacerlo. Es bueno que los padres sean amigos de sus hijos, pero nunca deben olvidar que, además, son padres que tienen que orientar, corregir y guiar y ser ejemplo de lo que piden a sus hijos.  Es conveniente que los padres mantengan las decisiones tomadas y eviten el caer en contradicciones: uno es permisivo y el otro exigente, uno sanciona y el otro levanta la sanción.

Querer y respetar siempre a los hijos supone aceptarlos como son, con sus cualidades y sus fallas, sabiendo que así los quiere Dios. De ahí que los padres deben valorar más los esfuerzos que los logros y nunca deben comparar a un hijo con sus hermanos o con los hijos de otros, pues cada persona es única e irrepetible y se le debe ayudar a que sea ella, no a que sea como los demás.

Sí es conveniente que los padres conozcan quienes son los amigos de sus hijos, a dónde salen, de modo que los ayuden a evitar amistades peligrosas que pueden introducirlos al mundo de la delincuencia o de las drogas.

Es fundamental crear un ambiente de verdadera comunicación en el hogar con los hijos. Esto implica invertir el tiempo necesario para escucharlos y volver a disfrutar juntos de las cosas pequeñas (paseos, comida, juegos, lecturas, ver televisión y comentar los programas).

Si en verdad estamos convencidos de que la familia es nuestra principal empresa y nuestro negocio más importante, siempre encontraremos el tiempo y el modo para establecer una auténtica comunicación con los hijos.                                                                               

(Pérez Esclarín)